¿Trump, por el camino de W. Bush?

Por Omar Pérez Salomón/La pupila insomne

El pasado 8 de noviembre el gobierno estadounidense anunció mayores restricciones para los ciudadanos de ese país interesados en hacer negocios y viajar a Cuba, en cumplimiento del memorando presidencial firmado el 16 de junio del presente año en Miami por el actual inquilino de la Casa Blanca, que suprime de forma unilateral la mayoría de los avances alcanzados durante el mandato de su antecesor Barack Obama.

Como prometió en su campaña presidencial, Trump está aplicando una nueva política hacia Cuba.  Me recuerda el llamado Plan Bush, presentado en el 2004 por el presidente estadounidense George W. Bush. Como en aquel momento, las actuales medidas demuestran el delirio anexionista del imperio y su objetivo de poner fin a la nación cubana, arrancarnos la patria y la obra que hemos edificado en medio de las mayores dificultades creadas por la agresión yanqui.

La Administración de W. Bush se caracterizó por una especial agresividad contra Cuba. El 2 de mayo de 2002 en reunión con la mafia terrorista de Miami el jefe del imperio exigió a Cuba una nueva Constitución en la que se renunciara al carácter socialista de la Revolución. Vale recordar que entre los presentes en aquel acto estaba Orlando Bosch Ávila, uno de los responsables de la destrucción en pleno vuelo de un avión cubano cuyos pasajeros murieron todos, minutos después del despegue de la nave en Barbados el 6 de octubre de 1976.

Las nuevas generaciones de cubanos deben conocer que la respuesta de Cuba a la exigencia imperial fueron las enormes manifestaciones del pueblo a lo largo de todo el país apoyando un proyecto de modificación constitucional, aprobado finalmente por el voto unánime de la Asamblea Nacional del Poder Popular el 26 de junio del 2002, determinando que el carácter socialista y el sistema político y social contenidos en la Constitución son irrevocables.

Bajo la presión constante de la mafia de Miami el gobierno de W. Bush no cesó de adoptar medidas brutales y llenas de odio para desestabilizar, golpear y destruir a la Revolución Cubana. Nuevos mecanismos entre las agencias del gobierno de Estados Unidos para perfeccionar la implementación de las regulaciones del bloqueo y la adopción de sanciones contra los violadores fueron aplicados; mayor persecución contra las operaciones comerciales cubanas a través de otras compañías y contra las transacciones financieras de Cuba; a cientos de miles de cubanos residentes en los Estados Unidos se les prohibió visitar a sus familiares en Cuba, autorizando hacerlo solo cada tres años; la ayuda familiar fue reducida casi a cero; se incumplieron acuerdos sobre la emigración ilegal; se rechazaron propuestas de cooperación en temas vitales como la lucha contra el tráfico de drogas y de personas y para obstaculizar e impedir acciones terroristas, constituyeron sólo una pequeña muestra del conjunto de agresiones de este gobierno contra nuestro país.

También se multiplicaron las campañas de propaganda, las falsedades y embustes contra la Revolución Cubana; se calificó a Cuba de país terrorista; se inventaron descabelladas mentiras sobre la fabricación de armas biológicas y de planes de guerra electrónica con el propósito de interferir las comunicaciones del gobierno de Estados Unidos, con el objetivo de buscar pretextos que justificaran nuevas medidas anticubanas.

En solo diez meses desde su llegada a la Casa Blanca, el gobierno de Donald Trump de la mano de sectores anticubanos de Miami se ha encargado de elaborar y poner en práctica un macabro proyecto, que entre otras acciones prohíbe las transacciones de compañías norteamericanas con entidades cubanas supuestamente vinculadas con los órganos de la defensa, elimina viajes individuales bajo la categoría de intercambios pueblo a pueblo, aplica mediante una vigilancia reforzada la prohibición de viajes a Cuba fuera del marco de las doce categorías autorizadas por la ley estadounidense, amplía la lista de funcionarios del gobierno y de ciudadanos cubanos que no pueden recibir visas y remesas y retira gran parte del personal diplomático estadounidense en Cuba alegando ser víctimas de “ataques sónicos”, algo realmente inverosímil en pleno siglo XXI. Adicionalmente disminuyó el personal diplomático cubano en Estados Unidos que ha afectado considerablemente las gestiones consulares en ese país.

La perversa decisión del gobierno yanqui de procesar las visas de emigrantes para los cubanos en Colombia es una maniobra que persigue crear inestabilidad interna en la isla, presentar al gobierno de Cuba como culpable de los obstáculos y demoras que deberán enfrentar las familias cubanas para su reunificación, trasladar la imagen de un EE.UU. preocupado por cumplir sus compromisos internacionales y en última instancia provocar un éxodo masivo. Pero el solo hecho que el Departamento de Estado haya utilizado un sitio tan desprestigiado como Martí Noticias para dar a conocer la misma dice mucho de su malévola intención.

Como en la época de W. Bush, tan aberrado pensamiento prevalece en la extrema derecha estadounidense. Frente a ello, la ecuanimidad y sangre fría de la Revolución echará por tierra estas burdas maniobras, porque Cuba continuará cometiendo el pecado de existir.

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